Juventud con causa: liderazgo con rumbo y corazón

Columna: Eduardo Parga.

No queremos que nos cedan espacios por lástima, queremos ganarlos con mérito, convicción y visión.

Hoy más que nunca, los jóvenes tenemos hambre de aportar, de construir un lugar con oportunidades reales de crecimiento. 
No es un simple deseo pasajero: es una convicción profunda de que nuestra generación tiene mucho que decir y más aún que hacer.

Queremos trabajar por las personas, por el bienestar colectivo. Y no lo decimos desde la comodidad, lo decimos desde la experiencia 
de haber participado, de haber escuchado, de haber estado al frente y al pie del cañón cuando las comunidades lo han necesitado.

En las juventudes sí existe un verdadero espíritu de liderazgo. No uno improvisado, sino uno que nace del compromiso, de la empatía 
y de la conciencia de lo que significa transformar. Por eso tenemos la certeza de que los jóvenes debemos estar en los espacios de 
liderazgo, porque es ahí donde esa chispa que llevamos dentro puede prender el cambio que tanto anhelamos en nuestra sociedad.

No queremos, ni vamos a aceptar, que por ser jóvenes se nos limite. Y mucho menos que se nos nieguen oportunidades. A lo largo de 
la historia, hemos demostrado que no sólo somos capaces: somos dignos de impactar a todo un lugar, a todo un país, a toda una nación.

Sabemos que el liderazgo no se mide en años, sino en visión. No en antigüedad, sino en integridad. Y aunque a veces parezca que el 
sistema nos pone barreras, somos una generación que no se rinde. Que crea, que incomoda, que sueña… y que actúa.

Porque al final, no se trata de esperar a que “nos toque” gobernar o decidir. Se trata de asumir que el momento es ahora. Y que el 
futuro que nos prometieron no va a llegar solo: vamos a construirlo nosotros.