
Opinión: Hugo Gómez Terrazas
Vivimos en un mundo que parece moverse cada vez más rápido, pero también que se deteriora más deprisa. La crisis ambiental ya no es un tema lejano ni exclusivo de científicos o activistas con pancartas. Está aquí. Es real. Y nos afecta a todos.
El Planeta Tierra —nuestro único hogar— está en una crisis que ya tiene nombre y apellido: contaminación, cambio climático y colapso ambiental.
¿Qué tan mal estamos?
- Cada año, el mundo genera más de 2,200 millones de toneladas de basura; para 2050, podríamos alcanzar los 3,400 millones, según el Banco Mundial.
- Más del 90% de la población mundial respira aire contaminado, según la Organización Mundial de la Salud.
- En lo que fue de 2024, hemos registrado las temperaturas globales más altas desde que hay registros. Junio de 2024 fue el mes más caluroso en la historia del planeta.
- En México, cada persona genera en promedio 1.2 kg de residuos sólidos al día, y el 40% de esa basura termina en tiraderos a cielo abierto.
No se trata solo de números. Se trata de realidades que ya están cobrando factura: incendios forestales incontrolables, sequías más largas, lluvias más intensas, especies que desaparecen, y personas que se enferman —o mueren— por respirar el aire de su propia ciudad.
¿Y nosotros qué?
Como generación joven, muchas veces sentimos que estas son broncas heredadas. Y sí, en gran parte lo son. Pero también nos toca decidir si vamos a ser la última generación que lo intenta… o la primera que se rinde.
Porque sí, todavía hay esperanza, pero exige más que hashtags. Necesitamos gobiernos que apuesten por energías limpias y leyes firmes. Empresas que dejen de ver el medio ambiente como un costo. Y ciudadanos —como tú, como yo— que hagan del cuidado ambiental una forma de vida, no solo una moda.
Usar menos plástico, separar la basura, consumir local, movilizarnos en bici o transporte público, no es poca cosa. Es una forma de resistencia cotidiana.
El futuro no se hereda, se construye
El planeta no necesita salvadores. Necesita conciencia. Necesita acción. Y sobre todo, necesita que dejemos de pensar que “alguien más” lo va a resolver.
Porque si seguimos viviendo como si tuviéramos otro planeta de repuesto… lo que nos espera no es un colapso lejano. Es una crisis que ya llegó.
Y cada día que lo ignoramos, el reloj avanza.