A golpes en el Senado: la sesión terminó en un bochornoso altercado; Fernández Noroña, agredido por Alejandro “Alito” Moreno

Ciudad de México. La Comisión Permanente cerró sus trabajos el miércoles 27 de agosto en medio de una confrontación física que volvió a poner en evidencia la crisis de civilidad política en la Cámara alta: el dirigente del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, protagonizó un arranque agresivo contra el presidente de la Mesa Directiva, el morenista Gerardo Fernández Noroña, que terminó en empujones y golpes y obligó a suspender momentáneamente la sesión.

Según las imágenes difundidas por el Canal del Congreso y por medios nacionales, el incidente se originó cuando Moreno subió a la tribuna para reclamar por la falta de la palabra para legisladores priistas, aun cuando se estaba entonando el Himno Nacional. Tras un breve intercambio de palabras se desencadenó la agresión física: empujones, jalones y al menos un intento de golpe directo a Fernández Noroña antes de que colegas de ambos bandos intervinieran para separar a los implicados.

El altercado no se limitó a los dos senadores: un trabajador del Senado, identificado en reportes como Emiliano González, resultó afectado en el forcejeo. La escena y las versiones posteriores han generado señalamientos cruzados; fuentes señalan que Moreno llegó a acusar a personal del recinto de fingir lesiones, mientras que testigos y video muestran a agentes de resguardo y personal legislativo intentando contener la trifulca.

La presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, calificó el episodio como “lamentable” y condenó la resolución violenta de diferencias que deberían atenderse por la vía institucional y el debate público. En tanto, la Junta de Coordinación Política anunció que se revisarán sanciones y posibles procedimientos disciplinarios contra los responsables, lo que abre la puerta a amonestaciones y hasta suspensiones en función de lo que determine la Mesa Directiva.

Detrás de la gresca hay un telón político: la discusión en comisiones y en el pleno venía cargada por acusaciones sobre la actuación de actores internacionales y supuestas declaraciones de la oposición relativas a la seguridad y el manejo de la violencia en el país —temas que han tensado la relación entre bancadas—, lo que explica, sin justificar, la escalada de ánimos que llevó a esta lamentable puesta en escena.

Lectura crítica. Que dos figuras públicas lleguen a las manos en el recinto legislativo debe leerse como un síntoma: si bien las diferencias políticas son naturales, la defensa de la institucionalidad exige diálogo y reglas claras. Desde una postura que respalda la conducción de la Mesa Directiva, lo ocurrido refuerza la necesidad de sanciones ejemplares y de un llamado público a recuperar la dignidad del debate parlamentario para que el Senado deje de convertirse en un escenario de espectáculo y vuelva a ser, como debe ser, un espacio de deliberación responsable.

Qué sigue. Además de las investigaciones internas y de la posibilidad de sanciones, quedan pendientes las repercusiones políticas: cómo capitalizarán las fracciones este incidente, si habrá denuncias penales por agresión y el impacto en la agenda legislativa inmediata. La ciudadanía, según muestran las reacciones en redes, exige respuestas claras y que el Congreso actúe con firmeza frente a cualquier expresión de violencia dentro de sus recintos.