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El Papa Francisco invita a vivir la Cuaresma como un tiempo de sanación

El Papa Francisco, al comentar el Evangelio del IV Domingo de Cuaresma, reflexionó sobre la figura de Jesús, quien revela el corazón de Dios, un Dios que es siempre misericordioso con todos. Según el Santo Padre, Jesús viene a sanar nuestras heridas para que podamos amarnos mutuamente como hermanos. Esta reflexión está basada en la parábola del hijo pródigo, presentada por el evangelista Lucas.

En su discurso, el Papa destacó cómo los fariseos, al ver a Jesús acercándose a los pecadores, se escandalizaban y murmuraban a sus espaldas. Jesús, al darse cuenta de esto, les habla sobre un padre que tiene dos hijos. El primero, después de marcharse de casa y caer en la miseria, regresa y es recibido con alegría. El segundo, el hijo «obediente», indignado por la actitud de su padre, se niega a unirse a la celebración.

A través de esta parábola, Jesús muestra el corazón de Dios: un corazón lleno de misericordia que siempre está dispuesto a perdonar y sanar. El Papa Francisco invitó a vivir esta Cuaresma como un tiempo de sanación, especialmente en el contexto del Jubileo, reflexionando sobre la misericordia de Dios. Señaló que Dios sana nuestras heridas, no solo en un sentido espiritual, sino también físico, y que esta sanación es fundamental para la vida cristiana.

Además, el Santo Padre expresó su gratitud hacia todas las personas que, siguiendo el ejemplo de Cristo, se convierten en instrumentos de curación para los demás, a través de sus palabras, conocimientos, afecto y oración. Recordó que la fragilidad y la enfermedad son experiencias que nos unen como seres humanos, pero que, más aún, nos hacen hermanos en la salvación que Cristo nos ha ofrecido.