
Ciudad Chihuahua.— La final del Campeonato Estatal de Béisbol se convirtió en un escándalo que mancha la imagen de los Dorados de Chihuahua, luego de que su pitcher Gabriel Ponce fuera sorprendido haciendo trampa en el duelo ante los Indios de Ciudad Juárez.
En la cuarta entrada, jugadores de Indios notaron movimientos extraños del lanzador, quien repetidamente se ocultaba la mano bajo la manga. Tras solicitar una revisión, los ampáyers descubrieron que Ponce escondía brea, una sustancia pegajosa prohibida en el reglamento profesional por otorgar mayor control sobre la pelota. De inmediato, el serpentinero fue expulsado del partido.
El pitcher había realizado ya 62 lanzamientos, lo que agravó las acusaciones de fraude y encendió la molestia tanto de aficionados como de dirigentes del béisbol estatal. La indignación creció al tratarse de la serie final, donde lo que se espera es un juego limpio y un espectáculo deportivo a la altura de la afición.
La decisión dejó en evidencia no solo al jugador, sino a la organización de Dorados, que ahora carga con el señalamiento de haber recurrido a artimañas ilegales para intentar inclinar la balanza. Para muchos seguidores, el incidente representa una falta de respeto a la afición y una mancha a la tradición del béisbol chihuahuense.
Mientras los Indios aprovecharon la situación para reafirmar su postura de exigencia por un campeonato limpio, Dorados enfrenta un duro golpe en su credibilidad. La polémica podría incluso abrir la puerta a sanciones más severas por parte de la liga, pues se trató de un caso comprobado de trampa oficial en una de las instancias más importantes del torneo.
El escándalo marca un antes y un después en esta final y coloca bajo la lupa al club capitalino, que no solo perdió a su pitcher en pleno encuentro, sino también gran parte de la confianza de la afición.